lunes, 17 de septiembre de 2007

Dzí... ¿Cómo hadz dzabido que dengo dentizta?

Lástima que mis dedos no se vean afectados por la anestesia -que ahora mismo hace que la mitad de mi boca vaya por libre-; porque sino sería todo un ezpeztáculo vedme ezcdibid de la midzma maneda en que vocalidzo.
Sí, hoy he tenido dentista. Y ante semejante acontecimiento -mirad en los periódicos; de Madeleine nada, que la noticia del día soy yo- no puedo por menos que redactar este limón ácido.
Para empezar, los dentistas odian las efes. Es algo que tengo comprobado; ya que vayas a lo que vayas a su consulta saldrás sin pronunciar esta simpática y larguirucha consonante como lo hacías antes -el pareado va por cuenta de la casa-. Y encima, justo después, necesitarás hacer uso de ella:
-Bueno... Ya hemos terminado... ¿Qué tal?
Ff-fantástico!
-¿Viste ayer el partido?
-¿De ff-fútbol? No es mi ff-fuerte...
-No, de baloncesto. Da igual... ¿Quieres un cigarrillo?
-No, gracias, no ff-fumo.
-¿Y qué te parece la victoria de Rusia?
-Ff- fatal que perdiéramos... ¡Qué ff-fastidio!
-Oye... ¿y esas efes tan raras?
-¡¡Que te ff-follen!!
Por otra parte, y viendo que mi dentista se ha apuntado a la moda de los zuecos selenitas, la confianza que inspira desciende peligrosamente. Vamos, todo un odontólogo -que con sólo decirlo ya se te llena la boca- con esos zapatos Ágatha-Ruiz-de-la-Pradianos... Es como si Umbral -cuando estaba vivo- llevara una bufanda con el arcoiris del orgullo gay.
Mas cuidado, el dentista es un ente poderoso a pesar de los zuecos. Su magia deja a Houdini en bragas. Y si no, ¿en qué otro lugar vas a una simple revisión y sales con cuatro caries? Ya no hablemos si el tío está inspirao'... Que entonces igual te encuentra un yacimiento de petróleo.
Aunque, como a todos, lo que le gusta al dentista es pasárselo bien. Por eso te pone al lado esa enfermera hierática, que siempre sostiene algo punzante y lo único que hace es decirte que te enjuagues -¡pero como voy a hacerlo; si seguro que escupo el empaste!-; para que te acojones.
Y lo logra,, porque yo siempre salgo de la consulta con agujetas de tanto agarrarme al borde del sillón. Que digo yo que tendrá un presupuesto exclusivo al mes en tapicería.
Otra cosa que me mosquea es el olor a cerdo quemado que sale cuando usa el torno. Sí, ya sé que la que está ahí soy yo... Pero es que el olor es ése... Yo por eso siempre pido anestesia: entre esa dosis de Percherón que te enciscan, la luz cegadora estilo al-final-del-túnel y el runrún del revulsivo tubo chupa-salivas me quedo de un relajado subido.
Bueno; la anestesia lo que tiene es que luego hablas como si estuvieras borracha. Eso, y que te puedes pegar un bocao' que te lleve media lengua y tú tan campante... Que eso me ha pasado a mí... Tanto "muerde fuerte" no es bueno, si lo sabré yo...
Cambiando de tercio, un lugar que merece una mención especial es la sala de espera. Si está vacía te maldices como la única pringada que va allí. Si está llena, también, porque todos se miran entre sí como autocompadeciéndose. Yo creo que los tratados de paz y estas cosas se firmaron en una sala de espera... ¡lo que une!
Aunque, con diferencia, lo mejor del dentista es su timbre -que siempre suena algo así como "din-don-dan-don". Esta vez la magia del cacharro hace quedar a Harry Potter como un papanatas, porque es pulsarlo y... el dolor desaparece.
Lástima que entonces sólo tengas unos segundos para huir. La enfermera gélida te abrirá en milésimas.

10 comentarios:

KITT dijo...

Algun dia volvere al dentista... como siempre sera cuando el dolor ya no me deje nisiquiera perderme en el THC, cuando los remedios caseros fallen, cuando los microorganismos de mi boca pasen a ser supraorganismos y se rebelen cual bolchevique cabreado... algun dia...

Mae dijo...

uff, no me gustan nada de nada los dentistas!!! Pero es necesario hacerse una revisión de vez en cuando... Además, aún me quedan dos muelas del juicio que me tengo que quitar!! Ayyyyyyyyy!!
y los zuecos esos molan, pero como ya los lleva todo el mundo, yo no los quiero!! Que le vamos a hacer.
BEsos.

Scarlett dijo...

Buff no me hables de dentistas que este año ya he tenido suficiente entre empastes, muelas y la madre que los parió.
Por cierto, sería interesante hacer una análisis del olor de las consultas, porque huelen todas igual y a mi sólo con estar cerca ya me huele a dolor
Y hablando de relajarse con el run run y la luz cegadora, una vez me quedé sopa mientras el dentista me andaba en la boca... increible
Besitos!

Mariano dijo...

Mal día para leerte. Mi muela del juicio ha decidido presentarse hoy al mismo. La jodía no termina de salir y de vez en cuando me recuerda que está ahí. Ya, ya sé que a mi edad tendría que tenerlas fuera, pero es que soy yo menos juicioso de lo que parece...
Bezitos con efe.

Ohdiosa dijo...

los odio, los odio, los odio y los odio!!! llevo desde los seis años de aqui para allá que si ahora un corrector para que no te salgan los dientes torcidos, que si ahora un aparato de braquets, qeu si gomas, que si llagas...que si esto y lo otro...así estuve hasta los 19...así que he acabado de todos ellos hasta las mismisimas...

y el otro día fui a hacerme una revision, de esas anuales que aconsejan en la tele y va el muy capullo y me dice que tengo 7 caries...lo mandé a la mierda, sin miramientos...toda la vida en su consulta y ahora me sale con esas yo que odio los dulces....casi lloro de la rabia!!!

Arwen dijo...

Mis risas con tu texto han sido directamente proporcionales a lo de acuerdo que estoy contigo. Odio los dentistas, me pongo a temblar en cuanto me suben al potro de tortura, odio el olor, la mirada, que siempre te encuentran de todo y tú viviendo feliz hasta ese momento...Y, encima, el tuyo va de modernillo con las zapatillas esas de plasticón extraño, que ni será higiénico ni nada porque se las ha llevado a la playa este verano...
En fin, ánimo que te quedan 365 días (o más) para repetir la experiencia.

Vitote dijo...

Me encanta ir al dentista, ya está ya lo he dicho, y esos zuecos los llevan desde hace siglos en pediatría de muchos hospitales, algunos hasta uno de cada color, pero hala a uno se le ocurre sacarlos a la calle y todos antojaos...En la revisión del año pasado cuando salí tenía entrenamiento, entre el protector bucal y la anestesia babeaba como un perro rabioso, total que me lo quité para no babear y de un placaje casi pierdo uno de mis recién revisados incisivos...

A cuidarse

kutxi dijo...

Qué risa he pasado leyendo!
Y qué miedo me da el dentista!! Claro, que a mí me da miedo hasta el oculista... soy un cagón.

FLaC dijo...

Jejeje. Aunque hago constar que a mí no me da miedo ni dolor el dentista y que me lo paso mu bien en las salas de espera viendo la cara de susto de los demás.

Alize dijo...

Kitt: Vamos, que para ti el amigo dentista es la última opción. Así me gusta.
Mae: A mí aún no me han salido. Será que, como Mariano, poco juicio tengo... En cuanto a los zuecos, a mí personalmente no me gustan, pero supongo que serán de lo más cómodo para los que pasan tanto tiempo de pie...
Scarlett: Tienes razón, el olor ese a antiséptico es inconfundible. Y lo de quedarte sopa... ¡no tiene precio! jajaja.
Mariano: Qué va, qué va... ¿apostamos a que yo te alcanzo y aún no las tengo?
Ohdiosa: A mí intentaron endilgarme un apararato porque los caninos se me cayeron cuatro años antes de lo debido y yo me negué. Hoy en día los tengo bien. En cuanto a las caries yo ya lo dije, eso es magia y lo demás tonterías.
Arwen: Pues mira, me alegro de haberte hecho reír. Y sí, tengo todo un año por delanta para volver a cariarme, jaja.
Vitote: No pasa nada. A mí no es que me dé pánico, tan sólo hay cosas que me ponen de los nervios. Yo babeé una vez que la anestesia era de toda la boca y no podía ni cerrarla. Madre mía qué ridículo, todo el día con la mandíbula floja...
Kutxi: Miéntele al oculista. Ya verás como te ríes ^^
Flac: ¡Tú es que eres un pelín sádico, jaja!
Besicos de limón