viernes, 6 de octubre de 2006

Desengaños

Sí amigos, . Desengaños. Hablemos de esos terribles momentos decisivos en nuestra infancia. Momentos en los que nos hemos sentido frustrados, sin querer reconocer nuestra inocencia.
Yo sufrí el primero cuando un profesor de matemáticas me dijo que infinito por infinito es igual a cero. En ése preciso instante se me cayó el alma a los pies ¿Qué sería entonces de todas aquellas ocasiones, en el recreo, cuando alguien se metía contigo?
-¡Me pido prímer!
Ségun!
Tércer!
Cuár!
(A partir de aquí ya nadie usaba los números ordinales, que éramos unos críos, coño, no académicos de la RAE)
Y si alguien se te colaba (la más grave ofensa infantil), tú te enfadabas, ¡y con razón, oye!
-¡Quítate, jolín!
-¡Que no me he colao'!
Gilipichi!
Espejito!
Bota, rebota y en tu culo explota!
-¡Tonto!
-¡Tú infinitas veces tonto!
-¡Y tú infinito por infinito tonto!
Claro, conociendo el verdadero resultado de tal multiplicación... Quién sabe cuántas disputas infantiles se habrán perdido por desconocer esto...
Pero no sólo te llevas desengaños de pequeño. En cuanto creces un poco, aprendes inglés, ése idioma tan útil. Pues bien. Antes te dejaban pronunciar en espanglish, pero ahora... Tú toda la vida diciendo sírius, y no, que resulta que serious se pronuncia sírias. Pues bien, oye.
Y tú diciendo Selectivity test y resulta que no, que se dice final years exam secondary school. Ya son ganas de marear la perdiz...

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