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domingo, 30 de mayo de 2010

Hoy, triste (X)

Ayer la melatonina no acalló al yonqui dolor. Hoy, la cama se asemeja a un buen ataúd donde morir.
Hoy, triste.
Mi corazón abierto, sangrante y enamorado. Tu corazón tras el muro de Berlín y enamorado. Dos corazones que se quieren y tu miedo cerval a lo-que-nunca-debe-ser-hablado.
Yo no necesito saberlo. Sólo a ti.
Y de la silla a la cama no hay un metro sino un glaciar helado. Tengo frío.
Un no importa nada salvo tú, un siempre estaré contigo, un te amo.
Un fuerte abrazo. Cuánto dolían las ganas de besarte.
Un Verano que regresa como el viejo enemigo que siempre fue. Una última esperanza disfrazada de Septiembre.
Mi corazón roto que te mira. lo miras. Y repites un no.
Yo muero.
Hoy, triste.

miércoles, 1 de abril de 2009

Hoy, triste (IX)

Ayer fue escudo para quien se rompe por dentro. Hoy no le sorprende el estruendo de sus propias vísceras desgajándose.
Hoy, triste.
Duele. Debería alejarse. Pero no lo hace. Quizá por ello merezca toda esta -su- crueldad... Ya sólo reclama el golpe de gracia; se siente un toro de lidia agonizante en la plaza. Después del espectáculo sólo queda morir.
... Y todo esto ya lo dijeron Metallica en Bleeding me.
Hoy, triste.

miércoles, 21 de enero de 2009

Hoy, triste (VIII)

Ayer la lluvia no consiguió quemarla. Hoy se dobla como un mal ejercicio de papiroflexia.
Hoy, triste.
Hay imágenes que son como trampas. Recuerdos que saben a cianuro. Días como cera fundida que se derriten silueteando negros augurios. Y delirantes ganas de escupirte con rabia un...
Hoy no soporta el silencio. Y para qué seguir con esta pseudoliteratura absurda -y cobarde- que malcrea... Total, nunca verá la luz. Nunca.
Hoy, triste.

martes, 9 de diciembre de 2008

Hoy, triste (VII)

Ayer su mente viajaba mucho más veloz que el autobús. Hoy es un insulto a la velocidad de la luz.
Hoy, triste.
La lluvia no hace sino perforar hondamente su maltrecho miocardio. Para qué molestarse en sonreír si a nadie le importa... Si a él no le importa.
El clima es una buena excusa a sus emociones de hoy. Un cielo gris como su corazón necrotizado, unas nubes deshilachadas como las alas de los demonios de su locura, unas gotas heladas como sus esperanzas.
Una vez más le lacera esa maldita certeza.
... Una vez más ignora la quemadura -de tercer grado ya.
Hoy, triste.

domingo, 12 de octubre de 2008

Hoy, triste (VI)

Ayer sintió el principio del fin. Hoy, de aquello, poco queda ya.
Hoy, triste.
Se odia a sí misma por negarse a explorar el laberinto; por conformarse con admirar las hermosas vistas que prometen las guías de viaje para cobardes.
Ha llevado su tiempo, pero ahora es capaz de sonreírle incluso en medio de la desolación más absoluta. Muy a su pesar sabe que por él, cualquier cosa. Con él hasta la muerte.
... De ahí el miedo. Se sabe capaz de inmolarse, rendirse y desaparecer -con una resignada sonrisa- a una sola seña de sus ojos de barro.
¿Qué haría entonces? No sabe.
Hoy, triste.

martes, 26 de agosto de 2008

Hoy, triste (V)

Ayer sintió ternura hacia las hermosas quimeras de la pantalla de un cine. Hoy repentinamente le muerde la derrota.
Hoy, triste.
No dispone de mucho tiempo, pero una semana puede eternizarse mágicamente sin que el nivel de dolor disminuya ninguno de sus días. Sí. El tiempo es un antiséptico que escuece.
Leer sus palabras tampoco ayuda. A veces cree atisbar una poderosa certeza que momentáneamente sacia su sed de ellas; aunque sepa bien que sólo son mentiras que su mente inventa. Bellos disfraces para la horrenda realidad.
Queda tan poco para el peor día del año -que sólo lo es para ella.
Hoy, triste.

sábado, 26 de julio de 2008

Hoy, triste (IV)

Ayer fue un día muy anodino. Hoy mucho más.
Hoy, triste.
Escribe sólo porque él se lo ha pedido, pero también porque lo necesita y porque esas pseudopalabras en lenguaje sms han espoleado a un caballo salvaje que ya trotaba en ella. Ahora galopa.
Disfruta de su soledad y la saborea. Sabe que los kilómetros son como playas desiertas; aunque nunca tan temibles como los hechos. Esos muerden.
Ninguna canción se acopla bien a su estado de ánimo.
Hoy, triste.

martes, 15 de julio de 2008

Hoy, triste (III)

Ayer reía en compañía de una peli de miedo. Hoy no habla; y brilla el sol.
Hoy, triste.
En su silencio se siente bien. Los sentimientos no reclaman bonitas palabras que los saquen a pasear y así los demás no pueden oírlos, justo como a ella le gusta. Hoy no soportaría exteriorizar una mierda.
Shhh. Mejor así.
De acuerdo, algunos latidos de su corazón suenan un poco opacos, casi armoniosos; y los 60-100 que tatúan cada minuto de su existencia se entretejen unos con otros. Una melodía hecha de sangre.
También hay recuerdos, oh, siempre los hay. Y cuesta afilar el ingenio cuando todo es amargo.
Y piensa en él cuando le duele.
Hoy, triste.

lunes, 9 de junio de 2008

Hoy, triste (II)

Ayer sólo era capaz del silencio. Hoy piensa en la derrota.
Hoy, triste.
No debería torturarse así. Para qué. Si él no puede verla. Está a 205,6 kilómetros de distancia y a un milímetro infinito de quererla.
Sonríe. Pero... pero es una sonrisa triste.
Para no llorar se imagina que esto es una película. Que en algún momento antes de que lleguen los negros créditos y suene una marcha fúnebre, él la besará. O que existe un mágico botón de rebobinado directo al pasado, al tiempo de las ausencias y las oportunidades.
Y vuelve a sonreír. Esta vez es de verdad.
Muy racionalmente sueña con locuras. Sueña con 1500 días felices ajenos a ella. Con 48 periódicas horas de agonía. Sueña con el puto Verano. Aún le teme.
De repente imagina sus ojos gritando "No".
Y sonríe cuando una flecha venenosa se le clava en el corazón.
Hoy, triste.

viernes, 2 de mayo de 2008

Hoy, triste (I)

Ayer la primera prenda que sacó de su armario fue una sonrisa.
Hoy, triste.
Hoy, desnuda, querría vestirse sólo con su sombra.
Una camisa como la suya, con quizá dos o tres nanogramos de su aroma perdidos tras los botones. Unos vaqueros de chico, de bragueta infinita.
Pero no había nada de eso doblado en sus cajones, así que se conformó con una camiseta que gritaba a voz en escote.
Desayunó un café con cuatro terrones de un azúcar previsiblemente amargo. Desafió a su espejo, perdió la batalla y, de algún modo, supo que también la guerra.
Mañana, no sabía.
Hoy, triste.