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viernes, 14 de septiembre de 2007

La janava de Ockham

Guillermo de Ockham es un tío chulo que además de tener un nombre más feo que el Fary chupando un limón -con todo el respeto por ese pobre cítrico- es filósofo. O al menos eso dice él.
Es un religiosillo, y para rendir culto a Dios no se le ocurre nada mejor que dedicar su obra al Altísimo. Según él, su objetivo es demostrar que Él es todopoderoso y omnívoro, quiero decir, onmipotente.... Y sí, el muy tonto no se dio cuenta de que esas dos palabras significan lo mismo...
Así que Guille, Guillermito o Willie hace su primera afirmación: los universales no existen... Muy bien, pero... ¿qué narices es un universal?
Pues -por poder- podría decir que es un concepto que el 95% de los de mi clase jamás llegó a pillar. Ellos se lo aprendían y soltaban el rollo como los papagayos, sin tener ni idea. Reconozco que el universal éste se las trae: resulta que según nuestro amigo Willie un universal es "aquella realidad que es conjunto de singulares y que no existe en verdad, siendo en la medida en que los singulares son"
Vale, sí. Lo que yo decía. Este Guillermito me lo ha robao', dirán algunos. Dejad que os lo explique:
Un universal viene a ser un concepto que hemos inventado para hablar de conjuntos de cosas en singular. Por ejemplo, si decimos "perro" nos referimos a todos los perros del mundo y no a ninguno en concreto. El sujeto "perro" colectivo de todos los canes del mundo no existe más que en nuestras mentes, aunque sí todos los animales que lo componen.
¿Y para qué sirve esto?
Dice Ockham que nosotros utilizamos el simplísimo concepto de universal -insértese ironía a porrillo- poco más que para hablar entre nosotros. Dice también que esto es malo -aquí ya te imaginas la cantidad de traumas infantiles que debía de tener- porque "se pierde el detalle, el verdadero conocimiento del singular"
¿Cómorr?
Pues sí, cítricos. Willie defiende los singulares como el auténtico objetivo de nuestro estudio. Según él, si estudiamos los universales -aquí yo aprovecho para preguntarme, ¿pero no eran imaginarios?- perdemos el detalle que caracteriza a cada ser.
¿Y eso por qué?
Pues porque Ockham afirma que una muestra de la onmipotencia de Dios es el hecho de que ha creado a cada ser de la naturaleza diferente a los demás, sin rasgos comunes que puedan agruparlos en univerasales. Y Guillermito saca las siguientes conclusiones:
1) Los universales no existen, pues al contener a los singulares, limitarían el poder de Dios, obligándolo a seguir un "esquema" (sí, esto huele a "diseño inteligente" que apesta)
2) El verdadero conocimiento es el conocimiento de los singulares (es decir, que para poder afirmar que sabes de algo, tienes que conocer todos -pero todos, todos- los detalles y variantes del temita. Y si no, nada)
3) Los universales no sólo son nocivos para nuestro saber, sino que son herejía (bueno, eso último no lo dijo pero le faltó poco)
Y con estas tres conclusiones tan molonas y guays del Paraguay, Willie se saca de la manga su argumento más famoso y seguramente el favorito de tantos gitanillos: la janava, quiero decir navaja, de Ockham.
Como Guille es más chulo que un ocho, primero va y nos lo enuncia en latín: "Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem"
Como el 99,9% por cierto de la población no entendemos esta lengua muerta, se decidió y nos lo tradujo a "en la explicación de un suceso no debe suponerse la existencia de más realidades que las absolutamente necesarias"
Veamos dos ejemplos prácticos y actuales:
1) Ella no te llama: No es que haya sido abducida, o se haya fijado en otro, o sea lesbiana, o no le gustes, o tenga dudas, o vayas demasiado deprisa, o lo vuestro no sea posible... Lo más seguro es que se haya quedado sin saldo.
2) Suspendiste el examen: No es que el profe sea un cabronazo, ni que haya sido muy difícil, ni que te hayas quedado en blanco, ni que leyeras mal la pregunta, ni que no te pudieron chivar, ni hay una conspiración en tu contra... No... Es que no estudiaste; y punto.
Así que ya véis por qué Ockham lo llamó navaja: porque con ello eliminas de raíz todos esos supuestos y paranoias altamente amargantes.
... Por una vez, debo reconocer que Willie tuvo razón. Me apunto a llevar una siempre en el bolsillo.

jueves, 19 de abril de 2007

"Lo primero que tenéis que saber...

... es que Marx no era el quinto hermano"
Con este apabullante juego de palabras, mi profesor de Filosofía comenzó con el amigo Karl. Hubo algún compañero que se preguntó extrañado "¿Pero los hermanos Marx no eran tres?", y otros ya directamente ni se lo plantearon y siguieron resolviendo el sudoku -la clase de Filosofía multiplica enormemente su presencia en el aula.
(Por si acaso, aclararé que los hermanos Marx eran, en efecto, cinco: Groucho, Harpo, Chico, Zeppo y Gummo, que no llegó a salir en las películas... Ninguno de ellos llamado Karl en la realidad. Un aplauso para los que lo creían... Sinceramente; qué fenomenos)
Nuestro querido amigo Marxiano -no, no nació en Marte sino en Alemania- dice que quiere poner su filosofía al servicio de la clase trabajadora. Vamos, que a los que curramos nos pone pingando y de pobrecillos na' más empezar...
Y no hablemos ya del capitalismo... Marx lo pone más verde que la esperanza. Según él, está llegando a un desarrollo tal que está en crisis ¿Absurdo? ¡Qué va! Como el capitalismo crece, y crece, y crece -repetir las veces que se consideren oportunas para percatarse de que, en efecto, crece-; pues llega un momento en que no se puede controlar. Y entonces, ¡cataplúm!
Pero... ¿Por qué Marx critica al capitalismo, si es el mismo que comercializa las salchichas Frankfurt de su Alemania natal? Pues porque su afirmación principal es que los seres humanos nos movemos por la producción. Como tenemos que trabajar para vivir -no al revés-; al final terminamos pensando de la manera en que vivimos y no viviendo de acuerdo a la manera en como pensamos. Fácil, ¿verdad?
Como yo tampoco entiendo un comino, aprovecho para poner el ejemplo súper-ilustrativo de mi profesor: Hay un grupo de cazadores que cazan -no iban a hacer bolillos, claro- con piedras y se reparten lo que cazan. Un día, unos cuantos aprenden a manejar el arco -y digo yo, ¿a fascículos o por el Home English?-, con lo que cazan individualmente y se quedan la pieza para ellos solos. Es ésta la clase dominante, que se niega a ponerse al nivel de la clase trabajadora -los paletos de las piedras- porque se sabe superior.
Al final, dice Marx, se producen varias cosas:
1) Una alienación del hombre. Esto no es verse todos los programas de Cuarto Milenio, no; sino no poder escoger la vida propia, lo que de siempre se ha llamado el ajo, agua y resina ¿Que por qué no podemos escoger nuestro trabajo o simplemente no trabajar? Marx aporta cuantiosas razones. Viendo esto en nuestro grupo de cazadorcillos, los tontol'abas de las piedras, al estar dominados por los chachi-guays del arco, no pueden elegir ser otra cosa más que los pringaos' de turno.
2) Una revolución -¡los tanques!- de la clase sobreexplotada ¿Sobreexplotada? Pues sí. Para explicar esto, el colega Karl habla de un aspecto dentro de la producción: el beneficio. Según él, los capitalistas buscan el máximo beneficio en sus empresas -nos ha jodido, Karl. Como el producto que fabriquen los obreros tiene -teóricamente- el mismo valor que las horas de trabajo que han invertido en él, si los capitalistas -de mierda, debía pensar Marx seguramente- obtienen beneficio es que escatiman dinero del sueldo del trabajador ¡los muy perros!
Así que Marx, que ante todo es un tío tranquilo y realista, recomienda a los obreros dos o tres cosillas tontas: que si llevar a cabo la revolución, que si la lucha de clases, que si derrocar a las clases dominantes e instaurar la dictadura del proletariado... ¡Toma ya! No pide nada, el amigo...
Y luego ya se desata completamente y dice que si las generaciones presentes -tras la dictadura del proletariado- trabajan duramente, llegará a conseguirse el socialismo, estado en el que los medios de producción son propiedad del Estado. Hasta que un buen día, con las generaciones presentes convertidas en pasadas y supongo yo que hasta el gorro de trabajar, llegaremos al magi-comunismo, estado en el que puedes hacer lo que te dé la real gana.
Por poder, como si no trabajas... Como según Karl -y probablemente bajo el efecto de alguna droga dura- la producción será tan grande que no necesitaremos ya trabajar para nada... ¿Quién no querría vivir así, sin preocupaciones?

lunes, 26 de marzo de 2007

Amigo Kant

Me han presentado un nuevo amigo en filosofía: Inmanuelle Kant. Si ya su nombre no es de la vulgaridad de Paco o Pepe, espérate tú a ver su filosofía...
Llega el alemán éste y dice que hay que ser CRÍTICO (sí, con mayúsculas) en detrimento del dogmatismo. Aquí podría emplearse el famoso argumento tal cosa= caca; a juzgar por el empeño del tito Kant en ello. Quedaría como sigue: Dogmatismo= caca. Así, sin paños calientes, ea.
Dice que el dogmático afirma estar en posesión de la verdad sin planteárselo siquiera -véase el por mis cojones de Hume-; lo cual le lleva sistemáticamente al error.
Pues vale, colega. Eso de creer que tú estás en lo cierto que tanto criticas en el dogmatismo no es más que lo que tú mismo haces diciendo que los dogmas son malos... Pero venga, sigue con tu filosofía a ver si te perdono ese fallo garrafal...
Bien. Una vez aclarado este aspecto de suma importancia en la filosofía kantiana, Inmanuelle se pone a criticar la razón pura. Dice que en nuestro conocimiento empleamos los de toda la vida conocidos juicios sintéticos a priori -siempre me imagino al Doctor Zoidberg diciendo esto.
¿Y qué coño es eso? Pues conectar entre sí dos verdades que, aunque evidentes, no tendrían por qué serlo. Un ejemplo sería "Todo fenómeno natural tiene una causa". Según Kant, esto no tendría por qué ser así. Traducido al español del turco-chipriota que parece hablar nuestro amigo filósofo, esto significa que fenómenos como la combustión espontánea o el socorrido yo no he sido existen. Hala. Los científicos a hacer gárgaras de un plumazo.
Dice que si esto nos parece imposible es por unas normas de nuestro razonamiento. Y aquí yo digo: ni normas ni leches, Kant. Eso es así y punto -de nuevo nos referimos a nuestro querido argumento de Hume; la expresión márcate un Hume hace ya furor-; no hay vuelta de hoja.
Pero Kant además de hablar raro es un plasta, y dice que , que existen normas. Normas que nos hacen ser racionales. Pues vale. Lo que tú digas.
Habla luego de la sensibilidad, del entendimiento humanos. Se nos pone etéreo -como el radiocasette. Dice que en nuestra sensibilidad nuestra mente incluye el espacio y el tiempo al percibir algo. Vamos, que una conversación alumno-profesor sería así:
-Has llegado tarde, Juanito. Un negativo.
-Pero seño, mi mente dice que no he llegado tarde, que son menos diez. Es lo que yo percibo.
-Me parece muy bien, pero la mía dice que no. Castigado.
-De acuerdo, pero mi sensibilidad retrasará dicho castigo varios cientos de miles de años.
Un caos, vaya. Aparte de esto, el entendimiento añade más cosas, catorce para ser exactos -según Kant- que dificultan aún más el decir de dónde sale nuestro conocimiento. Por ejemplo, el creer que en el mundo hay cosas nos la hemos inventado, dice el germano éste.
Esto tampoco me lo creo, pero dejemos a Kant en su nube que no es nube -ya que las cosas no existen en su mundo.
Luego se saca una palabreja de la manga -noúmeno- y dice que eso es la verdadera naturaleza de nuestras cosas. Ya que tanto nuestra sensiblidad como nuestro entendimiento añaden algo -tiempo, espacio u otras catorce si nos aburrimos- dice que no podemos conocer cómo es originalmente algo. Esto puede ser cierto en algunos casos -véase el antes y el después de Bibi Andersen- pero como que tampoco cuaja, ¿verdad?
Pero nuestro amigo Kant no se corta y también nos habla de la ética. Afirma que nos mueven dos tipos de imperativos; el hipotético -si quieres X haz Y- y el categórico -haz X porque es coherente con una ley moral válida.
Muy bonito, Kant, pero no entiendo un carajo. Vamos a verlo con un ejemplo radical: Un hombre desea suicidarse, ¿qué debería hacer?
Según el imperativo hipotético, si quiere morir debe suicidarse. Según el imperativo categórico no debe hacerlo, puesto que existe la ley moral respetar la vida propia y ajena que se lo impide... ¡Pero bueno! ¿Qué mierda de ética es ésta que se contradice? ¿Entonces el presunto suicida qué hace? ¿Se medio-suicida?
Pues no, porque el amigo Kant se saca la norma por excelencia que debe regir nuestra conducta -según él- que es "Actúa de forma que la máxima de tu conducta se pueda considerar una ley moral que merezca seguirse" Toma ya.
Como siempre traducimos: Nada de beber, decir tacos, fumar, follar y cía.
¿Voluntarios para seguir la norma kantiana? Yo desde luego no tiro la primera piedra...

viernes, 23 de febrero de 2007

Por mis coj...

Esa arraigada tradición nuestra, tan castiza ella, de hacer las cosas por cojones, no es tan nuestra como creemos.... La inventó Hume. Sí, el pirado de las bolas de billar... Se ve que perdía todas las partidas y se puso a maquinar nuevas paranoias. Se encendió un porro y a pensar tocan...
Nuestro amigo dice que si el ser humano está convencido de algo es imposible convencerlo de lo contrario. Muy bien, Deivid. En mi pueblo eso se llama cabezonería, joder. Y sin petas te lo digo.
Luego añade que si esa disposición de nuestra naturaleza -qué fino el amigo- es así se debe a que hay un algo -ajá- en nuestro interior que nos lleva a seguir nuestras preferencias con tesón. Lo llama sentimiento; y lo describe como una poderosa fuerza irracional que nos lleva a pensar algo pese a que ni la razón ni la experiencia nos lleve a demostrarlo con absoluta claridad:
-¡Anda mira! ¡Un pavoroso incendio forestal!
-¡Ten cuidado, Hume! ¡Te vas a quemar!
-Pero qué dices, si no hay ningún poder en el fuego que haga que me queme...
-¿Estás tonto o qué? ¡Que te digo que te achicharras, o'tia!
-Ni empírica ni racionalmente constato tal causa de quemaduras de las que me hablas en el fuego, así que me daré una vuelta y ya verás como no pasa ná.
-¿Qué? ¡Te vas a matar!
-Pero vamos a ver: ¿Tú ves algo en el fuego que te diga que quema, eh?
-Pero... pero...
-¿Lo ves?
-...
-¿Sí o no?
-...
-¡Ay, listo, que eres un listo! Menos mal que estoy yo para mostrarte que no hay nada en el fuego que... ¡¡¡¡AAAAARGGHAHHHHAHAH!!!!
Así que al sentimiento de Hume yo lo llamo un por mis cojones. Y punto.

martes, 13 de febrero de 2007

La bola negra del rebaño

Me habían dicho que el amigo Hume -David para sus coleguillas de profesión, pero sin tilde que es inglés- había dicho no sé qué sobre las bolas de billar. Como me encanta ese juego, pensé en echarle un vistazo a su teoría.
Resulta que este inglés dice que nuestro conocimiento -qué manía con saberlo todo- se fundamenta en las relaciones de causa y efecto. Y se queda más ancho que pancho -comprobando satisfecho cómo nadie había entendido un carajo- aunque como era mucho más listo que nosotros, pobres ignorantes de la plebe, tuvo a bien procurarse de un ejemplo que seguro abriría nuestros incultos -y cortos de mira- ojos: el juego del billar.
Dice que... si una bola choca contra otra... ésta se mueve.
Joder, eso te lo digo yo sin darme tantos aires, David. Así que cúrratelo un poquito o me paso a Platón.
Así que Hume -supongo yo que se daría cuenta de lo mal que había quedado- intenta justificarse diciendo que siempre que vemos una bola de billar moviéndose hacia otra creemos que ésta va a desplazarse con el choque. Como tampoco aclaró mucho la cosa que digamos, dice que si hubiera un mecanismo -qué mente retorcida tiene el cabrón; por su culpa miro compulsivamente bajo las mesas de billar- bajo la mesa que hiciera que la segunda bola, sin chocar con la primera se moviera no lo percibiríamos.
¿Y esto por qué? ¿Porque somos miopes? ¿Porque no estábamos atentos? Pues no.
Según la mente privilegiada del amigo Hume, esto es porque no percibimos "el poder". No, no, no lo sacó de una secta, yo creo que más bien de la enseñanzas de su tron el Doctor Maligno tras una farra monumental... Bueno, que me salgo del tema... Lo que quiere decir es que no hay nada en la supuesta causa -la primera bola- que nos haga suponer que es dicha causa del efecto -movimiento de la segunda bola tras el choque. Por último -ya era hora, que se me salen las bolas de billar por las orejas- dice que como conclusión podemos afirmar que las relaciones de causa y efecto, base de nuestro conocimiento, no son constatables ni empírica ni racionalmente.
O sea, que la típica partida con los amigos, en compañía de Hume sería como sigue:
-Venga tira, que tienes la azul a huevo.
-No sé, no sé... ¿Y si mi tiro no es causa de que se meta en el agujero?
-Déjate de tonterías, Hume, y tira...
-¡Si no puedo constatar empíricamente mi éxito y la consiguiente capacidad de la bola blanca de ser causa del movimiento de la azul no tiro!
-Mira Hume, que te zurzan... Ya estoy harto...
-¿O sea que mi actitud es causa de ese efecto que es tu enfado?
-¡Como no te calles este taco será causa de ese efecto que será tu muerte!

jueves, 8 de febrero de 2007

El tito Descartes

He de reconocerlo: me gusta la Filosofía.
Es un ladrillo de asignatura, pero es que sus apuntes tienen el grosor justo -entre la fina línea entre la incomodidad y la comodidad- para echar una cabezadita sobre ellos en clase. Historia es demasiado gruesa; las Matemáticas tienen mucho número... La Filosofía es la solución.
Y dejando de lado esta desconocida pero útil aplicación de la susodicha asignatura, la Filosofía tiene su punto, y digo que lo tiene porque puedes descojonarte de las paranoias que dos o tres colegas se montaban en sus orgías desenfrenadas.
Un ejemplo es Descartes. Este personaje era un francés -ignoro si ya en sus tiempos nos tiraban la fruta- bastante raro. Lo primero que nos dice es que el mundo no existe.
Según Descartes, no podemos estar absolutamente seguros de que lo que estamos viviendo no sea un sueño; puesto que no podemos separar con certeza el sueño de la vigilia. Dice que puede que exista un genio maligno -hay que ver lo perjudicial que son las drogas duras- que nos haga creer que vivimos algo que no es real, y que además hace que nos equivoquemos en nuestros razonamientos:
-Muy mal, Pedrito. Tienes un cero en el examen.
-¡Pero seño, que no es mi culpa, que ha sido el genio maligno!
-Claro, claro, y ahora resulta que estamos soñando con que has sacado un cero...
-Pues sí, porque Descartes dice que...
-¡Ni Descartes ni ost... nada! ¡Cuánto daño ha hecho a la juventud este señor, virgen santísima!
Además, si el coleguilla Descartes dice que podríamos estar soñando y no darnos cuenta, entonces puede suceder que en este mismo instante estuviéramos soñando toda nuestra vida. Yo esto no me lo trago... Pero vamos a ver, señor Descartes, si de verdad soñáramos nuestras vidas, ¿no ocurriría que el mundo de los tíos estaría poblado de Elsas Patakys y el de las chicas de Georges Clooneys? ¿No nos daríamos cuenta?Ay...
Lo que además dice este señor es que ni siquiera podemos estar seguros de que existimos. Si unimos esto a lo anterior, resulta que podríamos tirarnos por la ventana y no pasarnos nada. Claro, como no existimos y encima estamos soñando... Para mí que el índice de suicidio aumentaría de forma cuanto menos alarmante. Total, por soñar con que la palmas...
A esto lo llama la duda metódica, esto es, dudar de todo, por muy cierto que parezca:
-¿Qué hora es?
-Las dos...
-¿Estas seguro?
-Qué sí, joder...
-Mira que la mente humana se ve afectada por el genio maligno y su poder...
-Trae el porro, anda...
-¿Estás seguro de que lo quieres?
Vete a tomar por culo, tío!
-¿Seguro que sabes dónde está eso?
(El amigo no responde. Ha preferido suicidarse)
Las conclusiones que saco de todo esto son:
Descartes era un gilipollas -por dejarse robar el argumento de Matrix.
Descartes se fumaba cosas raras.
Descartes se aburría un huevo.
Pero, sin duda, la perla Cartesiana -sí sí, cartesiana, porque el tito Descartes inventó los putos ejes cartesianos que a tantos escolares han llevado a sufrir horrendas pesadillas con lo de x, y, z- es lo de "pienso luego existo". Para quedar de finolis lo dice en latín -cogito ergo sum- pero en realidad esta frase tan conocida resulta cuanto menos sospechosa.
Sospechosa porque va Descartes -René, si queremos tutearle- y dice que de lo único que puedo estar seguro de que exista soy yo. Es decir, que tiene un complejo de superioridad del copón, el franchute este... Dice que como pienso o dudo acerca de la existencia del mundo eso significa que yo existo. Y para más inri, a esto que piensa -o sea, yo- va y lo llama -manda huevos- cosa pensante.
Así que, además de quedarse calvo buscando el dichoso nombrecito, Descartes era un puto salido. Todo el mundo sabemos que ciertas personas piensan no con su cerebro precisamente, pero que encima esto lo diga un francés...

miércoles, 25 de octubre de 2006

Éstos filósofos...

¡Gracias a Dios que este año tengo filosofía! Francamente, no sé de qué vivirían los humoristas sin esta perla de asignatura...
Tras el amigo Platón (que no es que tuviera una vajilla muy gorda, es que era griego, y así son los nombres de los griegos) estoy estudiando al todavía no amigo Aristóteles.
El personajillo éste dice que hay ciertas capacidades que tenemos los seres, y que para ser plenamente hay que desarrollarlas. Ajá. Pero dice que sólo aquellas habilidades que nos son propias tienen que ser necesariamente desarrolladas. Más ajá. Y aún más, que si esas capacidades que nos son inmanentes (toma palabrota) no son realizadas en potencia, entonces no seremos. Ajajá. Si no desarrollamos lo que no es intrínseco, entonces no estaremos llevando a cabo la causa final que nos es pertinente.
Todo esto está muy bien y ta' mu' bonito, pero se resume en las menos elegantes premisas:
Si un niño no habla, es tonto.
Si un niño no hace encaje de bolillos, es normal.

lunes, 2 de octubre de 2006

Platón ha hablado

El otro día vi algo más de la filosofía del amigo Platón en clase. Hasta ahora el tipo me caía bien y todo, éramos colegas, no sé, buen rollito, lo normal.
Pero es que de repente me he dado cuenta de que Platón es un chulo. En vez de exponer sus doctrinas en un libro o una enciclopedia de ésas tan breves y concisas, va y se dedica a hablar de ellas con sus amigos. Y lo que Platón entiende por diálogo es algo así como soltarle un rollo macabeo a un pobre ignorante para hacerle ver lo corto que es ¡Y encima consigue que le den la razón!:
-¿Y no crees tú, amigo, que si yo te dijera que a un hombre que no puede ver la luz del sol sino reflejada en el agua le consideraras conocedor de la verdad estaría incurriendo en un error?
-Esto... Sí, ¿no?
-Pues bien, yo te digo que esos reflejos en el agua no son sino meras imitaciones de la idea en que participan tales objetos que se reflejan.
-Ah, pues ahora que lo dices...
-Y para que el hombre sea sabio y contemple no reflejos sino ideas, y para que no le deslumbre la luz de la verdad, debe conocer, pues, la idea de Bien, que es la que ordena el universo en la justicia.
Ya decía yo...!
-Conociendo, pues, esta idea, la sociedad sería justa en tanto están ordenadas de formas virtuosa las almas concupiscibles, irascibles y racionales de sus habitantes.
-Eh, Platón, tío, ésa última me las has copiado a mí...
En fin, que no me extraña nada que el tito Platón no tuviera amigos, o que éstos le dieran la razón sólo para que se callase un rato...

jueves, 21 de septiembre de 2006

El huracán que no fue tal

Bueno, pues hace ya algunos días que he comenzado las clases y he tenido tiempo para (más o menos) asimilar la pérdida de mi libertad vacacional.
La última novedad es que al nuevo profesor de Matemáticas ya le hemos puesto mote. Es el Gordon, porque ha venido a la vez que el famoso "huracán", y su llegada ha sido objeto de múltiples comentarios, ninguno de ellos cierto (como en el caso del ya mencionado viento fuerte, que iba para tornado y se quedó en pedo)
Y alguna cosilla que me ha pasado en estos días: en Filosofía he descubierto la maravillosísima (como diría, si viviera, Papuchi) teoría del todo cambia, una perla de los relativistas griegos. Esta teoría es la leche en patines, porque vale para .
-Oye, ¿cuántos son dos más dos?
-Cuatro.
-Gracias.
-Ah no, espera, que ahora son cinco.
-De acuerdo. Cinco pues.
-Pero dentro de... ya serán tres.
-¿Cómo que tres?
-¡Uh, demasiado lento! ¡Ahora son siete!
Y en Historia, mi profesor es mítico. Ya le tuve hace dos años y he de decir que es un crack. Todo un personaje, vaya. Sabe más de la vida sexual de los personajes históricos (sean reyes, reinas, generales, escritores o lo que quieras) que los del Aquí hay tomate sobre la vida de la Pantoja. Su rey "favorito" es Fernando VII, Fernandito, como él le llama. Dice que fue un calzonazos real (chiste suyo, no mío) Y a José I le llama Pepe Botella o el rey de copas, porque puso impuestos sobre el alcohol y las apuestas en los naipes. Incluso hace juegos de palabras como éste: "La reina apoyaba a Godoy, y Godoy se apoyaba en la reina, jeje"
Por último, me despido con el mote que el ya mencionado docente aplica al lumbrera de George Bush:
Bush Bunny.