viernes, 31 de agosto de 2007

No duele

...
El teclado se me antoja un enemigo al que tengo que batir. Hay palabras; sí. Pero no hay teclas suficientes para vomitarlas sin un extraño... ¿dolor?
Ni siquiera tengo un motivo para estar -algo así como- triste. Melancolía hizo copia de mi llave y entra -sigiloso- sin hacer ningún ruido. Sus visitas ya no me sorprenden.
¿Por qué dolor? ¿Por qué; si soy feliz, si todos lo creen así, si nunca tengo problemas...?
¿Y no se supone que el dolor duele? ... Porque éste es más bien dulce...
El miedo a caer, el miedo a las heridas... No tiene sentido. No si no duele. Melancolía es mi amigo y compañero. Nadie como él para vivir la vida.
¿Y si sólo soy feliz algo teñida de tristeza?
Melancolía, déjame suplicarte algo: Ojalá me seas siempre fiel.
No, no me siento mal... De hecho, creo que no me he sentido mejor en mucho tiempo.

miércoles, 29 de agosto de 2007

... Viene al hilo de haber visto Arac Attack

¿Por qué en esas cutre-películas en las que aparecen plantas carnívoras o arañas gigantes dichos monstruos tienen voz?
Me refiero a que, ¿por qué cuando les disparan o cortan -sean patas o tallos- con la recortada o motosierra de turno emiten un gemido a lo rata de alcantarilla? ¡Si no tienen cuerdas vocales!

domingo, 26 de agosto de 2007

Crueldad

La ficción es cruel. Mucho más si proviene de la mano ingenua -o culpable- del escritor.
¿Quién en su sano juicio osaría crear el personaje perfecto? Buscar las miles de horas necesarias para componer una personalidad arrolladora, olvidar que siempre se alzarán voces discordantes que lo odien, evitar dejar demasiado de uno mismo en el proceso... Difícil; muy difícil.
¿Y si se logra la quimera? ¿No es cruel condenar semejante maravilla a la imposibilidad?
Suele decirse que no existen dos personas iguales en el mundo. Escribiendo acerca del personaje definitivo... ¿No impedimos acaso su encarnamiento mismo?
¿Y las consecuencias? ¿Pueden olvidarse? Un personaje así enamora o mata -sin más. Llena o vacía de veneno miles de bocas. Destapa absurdas debilidades, avergüenza, enorgullece, margina, integra.
Demasiados riesgos, demasiados opuestos, ¿te atreves?
Prefiero buscar mi personaje a mi alrededor y no ejercer de doctora Frankeinstein... Quién sabe qué clase de encantador ser podría llegar a crear...

jueves, 23 de agosto de 2007

(Tarde o temprano) Tenía que dibujarlo

Sabéis quién fue -y es- mi héroe. Sabéis lo mucho que me gustaba -y me gusta.
¿Y qué sería de mí al curso que viene sin una alegría en la corchera?
Por eso en vacaciones me he dedicado a hacer este dibujo. Acuarela espesa, como a mí me gusta; y boli bic para repasar. Y dos o tres imágenes de collage que no tienen otro objeto que tapar un error que cometí -pero que al final quedaron bien.
...
Hoy no tengo la necesidad de escribir algo más trascendente... Mañana sí. Lo intuyo.
¿Será que Melancolía se está olvidando de ?
Por cierto; paso de ser >>Alize a Alize a secas. Cosas del verano.

lunes, 30 de julio de 2007

O todo o nada

¿Y cuando sientes que no hay nada?
Nada que hacer, nada que esperar... Nada, en suma, que lo merezca.
¿Que merezca el qué? Y yo que sé... Si no hay nada.
El Verano es mi nada personal. Amanece,. Y yo respiro; se supone que estoy viva. Pero vegeto, a lo sumo fotosintetizo. Y no necesito más. Pienso demasiado, y no puedo dejar de sorprenderme cuando alguien se extraña de mi mutismo.
¿Cómo? ¿Que llevo horas sin hablar? ... Ah, claro. Por mucho que piense y dialogue mentalmente sólo son eso: pensamientos. No palabras.
Al menos, no en voz alta...
Que alguien me dé una razón para abrirle la puerta al gato éste llamado Melancolía que cada vez se frota más contra mis piernas. Yo no tengo valor. Ni ganas.
¿Por qué? Porque... No tengo nada.
Pero cuando no hay nada puedes esperarlo todo. Todo es posible si no hay nada que lo impida. La nada o es mucho o es nada.
Pero sigue sin haber nada... Aunque pueda haberlo todo, aunque existan miles de grandes quizás.

jueves, 26 de julio de 2007

Las bicicletas no son para el verano

Llevo siete días sin sangrar letras por ti. Eso no quita para que no te piense.
Es el verano; tan sólo el maldito verano. . Cuánto añoro mi querido invierno.
Por eso hoy monté en una bicicleta naranja y pedaleé diez kilómetros dirección Villamuriel de Cerrato. Me crucé con varias personas que disfrutaban de una mañana de sol a orillas del río Carrión. Se dedicaban a las actividades propias -pesca, paseo, conversación animada- de aquellos que hieden a risa; de los henchidos de plenitud.
Yo en cambio huía. Tal vez de sus sonrisas o de la -pestilente- felicidad con que contaminaban burbujas de aire a su alrededor. No sé. Nunca sé por qué. Pero hinqué los pies en los pedales y me escondí tras mis gafas de sol.
Contuve la respiración cuando me acerqué a una familia particularmente risueña que extendía un mantel a cuadros junto a la dársena. No quise robarles ni un sorbo. Tampoco sé por qué.
El camino resbalaba a causa de la gravilla. Los olmos daban sombra y parecían orgullosos de ello. Algún junco me arañaba los tobillos, y hasta el zumbido de los mosquitos tenía ritmo sinfónico. Pero yo pedaleaba y sentía que algo se me iba escurriendo del alma por entre los radios de la bicicleta.
Mejor. Menos peso.
No quise recorrer aquella serpiente negra en forma de carretera. No me gusta lo fácil. Tome el sendero de la izquierda siempre que llegué a una encrucijada. El camino era casi mi amigo; sin cuestas, sin gente, sin sol abrasador. Llegué al pueblo y compré una hogaza en la panadería de toda la vida para mi madre.
Mientras regresaba a Palencia la bolsa bailoteaba alegremente colgada del manillar. Dejó de hacerlo cuando paré al ver aquello negro entre la hierba.
Sí, era un pajarillo. Un polluelo de avión común que probablemente habría caído del nido. Piaba y algo en su socorro me partió en dos.
Bajé de la bicicleta y lo cogí con cuidado. El plumón cosquilleaba. Pesaba lo que pesan cinco cigarrillos. Dejó de piar. Abrí las manos y dio un salto hasta posarse en mi dedo índice.
Me miró con unos enormes ojos negros y voló lejos. Muy lejos.
En silencio le pedí que me llevara.

miércoles, 18 de julio de 2007

El último de los 113 test

Teóricamente ya puedo conducir... Claro que, aún deberé aprobar la parte práctica del examen tras unas cuantas clases al volante y a la vuelta de mis vacaciones agosteras...
Pero, ¿y lo bien que sabe haber cumplido, a la primera y sin errores?